17 de Octubre del 2015

Kruger- Sudáfrica

Kruger- Sudáfrica

África es un continente que esconde todos los misterios, están ahí para descubrirlos, sólo hay que estar preparados.

Aventuras De Miel

Íbamos por las calles internas del Kruger, excitados y ansiosos. Con calor. Los lentes de las cámaras preparadas para la oportunidad. África es un continente que esconde todos los misterios, están ahí para descubrirlos, sólo hay que estar preparados. Teníamos la esperanza de encontrar leones o elefantes. El clima en Sudáfrica cambia de golpe, de día hace calor y cuando baja el sol, la baja temperatura se hace respetar. Es por ello que varios de los animales se recuestan sobre el camino de asfalto, y cabe dar con ellos.

Iba cayendo el sol. Ese sol que a medida que va bajando se ensancha y tiñe todo de un naranja único. Sabíamos que a las 18 horas debíamos volver al lodge pero insistíamos, casi sin hablarnos, en que algo íbamos a encontrar. Íbamos solos. Mientras manejaba, Maru iba con los binoculares buscando esa oportunidad. De repente, doblamos en un desvío y encontramos una manada de no menos de veinte elefantes jugando entre sí. Una escena sensacional, el sol de fondo. Grandes, medianos y pequeños elefantes conviviendo e interactuando entre sí.

El silencio de la urbe, el ruido de lo salvaje. El peso de las pisadas, las trompas que se abrazan a los árboles y el crujir de la ramas que se hace sentir. Sacábamos fotos intentando captar la atmósfera entera. Bajábamos las cámaras, mirábamos, escuchábamos, olíamos y volvíamos a intentarlo una y otra vez. Fue un momento magnífico, África nos había regalado una escena soñada, que la fuimos buscando cada día.


Sacábamos fotos
intentando captar
la atmósfera entera

Eran las 18.30hs y decidimos emprender el regreso. Nos quedaban 40 km por delante. Sabíamos que íbamos a recibir algún llamado de atención por estar fuera de hora. Pero volvíamos con la satisfacción de haber podido vivir algo único. Volvíamos hablando de cada situación, del sol, de los elefantes. De cómo se comportan y reíamos. De repente, en el medio del camino, frente a nuestro auto había una pareja de leopardos. No podíamos seguir e ignorar esta nueva escena, paramos el auto.

Al darse cuenta que habíamos llegado, se pusieron en alerta. Uno de ellos, la hembra, se escabulló rápidamente en los arbustos. El macho por el contrario se quedo unos instantes mas sobre el asfalto, con una mirada acusadora. Esa mirada de a quién le acaban de arruinar un momento mágico. Lo percibimos, sacamos unas fotos más al macho y sin suerte, no vimos más la hembra. El leopardo macho finalmente se escabulló en los matorrales mirando por última vez a los culpables de su desazón

Fueron dos de los momento más recordados de aquel fantástico viaje. Volvimos ya de noche y por primera vez en Africa tuvimos miedo de estar a merced de lo salvaje.

MEMORIAS DE VIAJES
© Agustín Cleris
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