02 de Abril del 2020

La Ley de la Selva. Masai Mara, Kenia

La Ley de la Selva. Masai Mara, Kenia

Es sabido que el uso de la frase “La ley de la selva”, aplica a aquellas situaciones en que el más fuerte prima sobre el más débil. Esta ley gobierna la naturaleza.

Aquella tarde, vimos cómo Queen Hurt, la leona, había participado en esta ley.

Queen Hurt había sido el factor fuerte en la lucha por la subsistencia, mientras la cebra hubo de ser el factor opuesto.

Sin embargo, esto estaba a punto de cambiar. Así recuerdo lo que pasó luego.  

Queen Hurt estaba aún agitada por la cacería. Su lengua asomaba hasta la mitad, atravesando sus caninos inferiores. Su cara estaba manchada de color escarlata de la sangre de su víctima. Toda la boca estaba teñida con sangre. Fuera de contexto era una escena macabra. Las fosas nasales de Queen Hurt habían crecido, estaban hinchadas buscando oxigenar su cuerpo. Su costado herido estaba más abierto a causa del esfuerzo en la lucha (una herida así resulta peligrosa en cualquier animal, dado que, al no llegar a lamerse, no puede generar el monóxido de nitrógeno para la cicatrización).

Esa herida podría llegar a costarle hasta la vida estando sola. Dentro de una manada otros leones podrían ayudar a limpiarla, pero parecía estar moviéndose en solitario.

El sol había empezado a caer, por lo que los ángulos de las sombras se estiraban hacia el Este segundo a segundo. Queen Hurt había quedado orientada de cara el sol, por lo que sus ojos se afinaban por el resplandor de los rayos, generando a su vez un brillo encendido. Queen Hurt no sólo reflejaba en parte al sol sino el brillo de la conquista y el orgullo de haber realizado una proeza.   


Queen Hurt no sólo reflejaba en parte al sol sino el brillo de la conquista y el orgullo de haber realizado una proeza.

Delante de ella, tendida estaba la cebra. La víctima sólo tenía las lastimaduras que Queen Hurt le había infligido durante la lucha, pero sin sufrir aun la mutilación propia del león al comer. No había comenzado a devorar, solo había lamido un poco la sangre. Seguía atenta e inquieta. Daba la sensación de estar haciendo algo prohibido, a lo que no podría dedicarle demasiado tiempo. Acerque el lente para verla con más detalles, estaba tiesa. Las pocas moscas que se acercaban no la alteraban, ni siquiera hacia temblar los músculos para espantarlas, algo no estaba bien.   

Estábamos en la parte de atrás del Defender, a no más de 20 metros de la leona. No llegábamos a ver porqué estaba tan inquieta, agachaba la cabeza y la volvía a levantar dejándola quieta. No comía. De repente encontramos la razón. De entre los arbustos apareció otra leona, que encaró con decisión hacia donde estaba Queen Hurt. Al ver aproximarse a esta nueva leona Queen Hurt le mostró los dientes con fiereza, aunque con una actitud extraña de sumisión.

Queen Hurt en lugar de defender su alimento, mostraba los dientes, pero se agachaba, era una clara actitud de subordinación. La leona dominante, se colocó sobre la cebra, apoyando los codos en la panza de esta, mientras rugía de manera visceral. Endurecía la panza y los costados se contraían, era un rugido ronco como si fuera para adentro, sin llamar demasiado la atención.   

Parecía que Queen Hurt era parte de una manada, que no estaba trabajando tan en solitario y jerárquicamente la leona dominante no la dejaba comer, cosa que resultaba lógico, pero a su vez extraño. Resultaba impropio que, si pertenecía a una manada, no la hubieran ayudado otras leonas cazadoras en la matanza de la cebra. En ese caso, podría ella haber hecho el primer asalto y se le tendrían que haber sumado para terminar de liquidar la cebra. ¿Por qué no comía, si tenía el derecho de hacerlo? Algo faltaba.  

Entre leones hay una manera de cazar y un orden para comer. Por lo general son las leonas las que realizan la mayoría de la caza. Normalmente, el macho solo cazará por su cuenta si esta buscando crear su territorio, una vez que lo crea y tiene su propio harem, deja que cacen las leonas ya que su propia melena suele ser un obstáculo a la hora de camuflarse. A su vez, las leonas tienen una manera de cazar distintiva y muy interesante. Suelen ocultarse y rodear a la presa hasta que una de ellas da una señal. Cada una tiene un rol, y si alguna no lo cumple probablemente fallen o resulten heridas. Si la manada es grande, deberán tomar presas grandes, para alimentar a todo el grupo y para economizar energías y posibles heridas.   


Entre leones hay una manera de cazar y un orden para comer.

A su vez, a la hora de comer son las hembras involucradas en la cacería las primeras en comer. Consumirán su parte de la presa en el lugar de la matanza. Se cree que este orden obedece a que las cazadoras son los integrantes del grupo que más energías necesitan, para garantizar el abastecimiento de la manada. Luego de ellas, come el macho dominante (si éste llegara a estar preocupado por no conseguir suficiente alimento, se acercará rápidamente a la presa abatida para comer, y las hembras cazadoras deberán ceder su puesto en el orden de alimentación) luego sigue cualquier hembra o macho de la manada y por último los cachorros. Solo en los casos en que la comida escasea, los jóvenes deben dar lugar a los más cachorros (generado tasas de mortalidad elevadas dentro de esta población).  

Queen Hurt intentó empezar a comer, con su cabeza casi tocando el suelo, mientras la nueva leona la observaba con la cola levantada y rígida en una clara señal de enojo. Cuando Queen Hurt se acercó a la parte blanda del vientre de la cebra para empezar a desgarrar el cuero, la leona dominante saco sus garras y con su pata derecha arañó a Queen Hurt. Esta protestó ostensiblemente abriendo la boca y rugiendo, pero siempre con el lomo en el piso. La leona dominante volvió a atacar dos o tres veces hasta que se abalanzó sobre toda la cebra, dando una clara señal de que esa presa ya no le pertenecía a la cazadora. Queen Hurt aún en el piso volvió a rugir, mostrando los dientes, pero la leona dominante se paro de golpe y nuestra leona tuvo que apartarse corriendo.

Queen Hurt se apartó a unos metros, volteó la cabeza y se mantuvo unos minutos observando cómo la leona dominante empezó a comer. Pareció bajar los hombros en señal de resignación. Con enojo, pero con resignación, y podría decirse con algo de incredulidad. Avanzó y se dejo caer a la sombra de la acacia, el mismo árbol que había sido – minutos antes- su referencia para cazar a la cebra. Al echarse, cerro los ojos y movió su cabeza hacia el cielo. Se quedo unos segundos en esa posición, y volvió a mirar el lugar donde había caído su presa. Apoyo la cabeza en el suelo, respiró profundo -tanto que al exhalar levanto algo de polvillo- y se limitó a esperar.     

Una leona no es capaz de devorar una cebra, por lo que, quizás tendría posibilidades de comer.  

En ese pequeño espacio de tiempo, revisé algunas de las fotos en mi cámara, y vi que la leona dominante era mayor, si bien se veía fuerte, sus dientes no eran tan largos y blancos como los de Queen Hurt. Le pregunte a Benson, mi guía masai, que suponía que pasaba.   

Los leones, cuando sus manadas son demasiado grandes, echan a los jóvenes para que armen las suyas propias. Una manada de leones demasiado grande es muy difícil de mantener bien alimentada y ocurre que los jóvenes dejan de intentar cazar dado que la manada ya tiene sus cazadoras. Por ello, la supervivencia de la especie dicta que a los jóvenes se los aparte. El león en eso es brutal, una vez que apartó a un integrante de la manada no hay vinculo de sangre que pueda volver a unirlo.  

Queen Hurt había pertenecido a la manada de la leona mayor. Queen Hurt era una leona joven y seguramente esto no había ocurrido hacía mucho tiempo. La joven leona había sido apartada, pero estaba cazando en el antiguo territorio de su familia, y su madre había venido a modo de advertencia. Cuando su madre vio que mató una presa fue a arrebatarle la comida y a seguir enseñándole que ese ya no era su lugar. Esa era la razón por la que, si bien no la había dejado comer, tampoco la lastimó y Queen Hurt tampoco atinó a pelear. También era la razón por la que estaba echada a pocos metros de su madre sin que esta la fuera a correr. Había una razón y una enseñanza. Las leyes y las ordenes de la naturaleza no flaquean por más duras que parezcan. La madre le seguía diciendo con gestos, que la mejor manera que tenía para sobrevivir Queen Hurt -y colaborar con su especie- era yéndose a ocupar su lugar en su propia manada, a un territorio nuevo. Quedándose en el territorio de su antigua manada no se iba a poder alimentar como debiera. Parecía cruel, pero era clara la señal. ¡Vete de aquí!     

Aun así, Queen Hurt permanecía echada a la sombra a la espera de se merecida recompensa. Después de todo era la que había realizado todo el trabajo. Inesperadamente volvió a levantar la cabeza, giramos y vimos llegar una tercera leona. Cuando llegó al lugar que se encontraba la madre de Queen Hurt, ésta la saludó afectuosamente. Acercaron las cabezas, y se rozaron los cuellos y los laterales, dejando que sus colas se abrazaran y entrelazaran al terminar de pasar. Se conocían, pertenecían al mismo grupo. Terminaron de saludarse, y miraron la cebra.

Pero la tercera leona, levantó la cabeza y divisó a Queen Hurt, que aún estaba echada queriendo parecer invisible. Ni bien Queen Hurt se dio cuenta que la nueva leona la divisó, se levantó y empezó a caminar hacia la extensión. Ya no sería tan amable todo.

La tercera leona pareció buscar una señal en la madre de Queen Hurt, ambas miraron como se iba alejando la infractora. Esta nueva leona no tenía intenciones de ser tan amable. Si la madre de Queen Hurt había sido un tanto tolerante, ella no lo sería. En la sabana africana no hay lugar para medias tintas. Así es que se decidió a terminar el asunto de una vez. Miró a la madre de Queen Hurt buscando alguna señal de oposición y a una señal imperceptible ambas empezaron primero a caminar y luego a trotar ligeramente sobre el rastro de la joven leona.   

Rápidamente encendimos el Defender y empezamos a seguir a las leonas. Queen Hurt les llevaba unos 50 mts., por lo que las leonas perseguidoras empezaron a correr recortando esa distancia. Todo iba muy deprisa. Cuando apenas separaban unos 10 mts. de distancia entre Queen Hurt y sus perseguidoras, la joven leona se dio cuenta y empezó a correr. La tercera leona era muy rápida y llego a alcanzarla y tocarle la pata trasera haciéndola trastabillar y rodar, como aplicando un tackle francés. Queen Hurt rodó, y rápidamente empezó a lanzar zarpazos y gruñidos de impotencia. Entre las dos leonas le dieron una golpiza como si de matones se tratara. La lastimaron. Por más que intentó defenderse, cuando enfrentaba a una, la otra la arañaba y cuando buscaba a esa, recibía un mordisco por otro lado. Se levantó tierra en el lugar, algunas cebras y ñus miraban a lo lejos, el humo de la polvareda hacia mas violenta la pelea, las sombras estaban tan estiradas que parecían gigantes enmarañados moviéndose deformemente. Se estaba aplicando la ley de la selva con todo su rigor. Que impotencia daba ver esa situación.    

Pero por suerte, Queen Hurt hizo un movimiento y logró salir del centro y se echo a correr con todas sus fuerzas. Ambas leonas quedaron paradas y agitadas, mirándola. Ya no quedaban dudas, Queen Hurt no iba a regresar. La tercera leona giró y empezó a caminar hacia la cebra. Su madre se quedó con los ojos clavados en la carrera de Queen Hurt y en un gesto dramático se echó al piso a contemplar cómo su hija herida huía.  

La ley de la selva es la ley de la naturaleza. No es una ley donde sólo el mas fuerte sobrevive, sino que es la ley en que la especie opta por la mejor decisión, en pos de su supervivencia. Me gusta pensar que Queen Hurt sobrevivió luego de todo ese escarmiento, y para seguir viviendo ser fuerte, pero buscar su propio camino, su propia manada, porque es así como la naturaleza no tiene lugar para los débiles.

Esta fue una de las manifestaciones que viví de esta ley, pero no sería la única.    

MEMORIAS DE VIAJES
© Agustín Cleris
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